Cada ser humano es la imagen y semejanza de Dios. (cf. Génesis 1:26) El Catecismo de la Iglesia Católica (1702-3): "La imagen divina está presente en cada hombre. Brilla en la comunión de las personas, en la semejanza de la unión de las personas divinas entre ellas. Dotado de un alma 'espiritual e inmortal', la persona humana es 'la única criatura en la tierra que Dios ha querido por sí misma'. Desde su concepción, está destinado a la beatitud eterna."