La investigación en sí es una locura. Cada vez que reprimes un sentimiento, tu cerebro tiene que elegir entre suprimirla y registrar lo que ocurre a tu alrededor. Elige la supresión. La memoria no se guarda. Un estudio de Stanford de 2000 confirmó esto: las personas a las que se les decía que ocultaran sus emociones mientras veían una película recordaban muchos menos detalles que quienes simplemente reaccionaban de forma natural. Reprimir las emociones consume energía mental, y eso deja menos capacidad cerebral para guardar nuevos recuerdos. Los escáneres cerebrales muestran por qué. Un estudio de 2012 encontró que la supresión silencia el hipocampo (el centro de registro de la memoria de tu cerebro) justo cuando debería estar guardando información. Las dos regiones cerebrales que normalmente se unen para bloquear los recuerdos dejan de comunicarse. Con el tiempo empeora. La supresión mantiene el cortisol (la hormona del estrés) elevado, y el cortisol reduce el hipocampo. Las personas crónicamente estresadas pueden perder entre el 10 y el 15% de su volumen. Solo tres semanas con cortisol alto pueden reducir los diminutos puntos de conexión entre las células cerebrales en aproximadamente un 20%. La buena noticia: los estudios muestran que esta reducción puede revertirse parcialmente una vez que bajen los niveles de estrés. No necesariamente permanente. Un estudio finlandés con 1.137 adultos mayores rastreados durante aproximadamente una década encontró que los supresores habituales de emociones tenían casi 5 veces más riesgo de desarrollar demencia, incluso después de controlar genética, tabaquismo, obesidad y educación. Hay una mejor manera de manejar las emociones que no te cuesta la memoria. Se llama reevaluación cognitiva: en lugar de retener el sentimiento, replanteas qué lo está causando. ("Esta reunión no es una amenaza, es práctica.") Un estudio de 2003 de Stanford/UC Berkeley encontró que los tasadores tenían más emociones positivas, mejores relaciones y mayor bienestar. Los supresores tienen lo contrario en cada compas. Y la reevaluación no tiene coste de memoria. La diferencia se reduce al momento. La supresión se activa después de que la emoción ya se haya activado, así que tu cerebro lucha contra su propia respuesta mientras intenta registrar el momento. La reevaluación cambia la forma en que interpretas la situación antes de que la emoción se active por completo. Mismo evento, misma persona, pero tu hipocampo sigue libre para hacer su trabajo real: grabar tu vida.